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Una mujer que vende abrazos, está ganando buen dinero

En una era donde nos sentimos solos en multitud, una terapia donde se brinda amor, puede ser muy constructiva e incluso lucrativa. Una mujer que vende abrazos, ha captado con maestría esta idea, y ya está haciendo muy buen dinero con ella.

Se llama Samantha Hess y es una ciudadana de Oregon, estado de Florida en Estados Unidos. La idea puede parecer loca, pero de hecho está dándole un buen pasar y le está permitiendo pagar sus deudas.

El negocio Abrázate Amigo, brinda y servicio muy efectivo para todo el que quiera sentir el calor de un cálido abrazo. Se calcula que Samantha ha atendido a más de 10 mil personas.

Las condiciones de la mujer que vende abrazos

Por supuesto, estos no se dan para toda clase de personas. Hay condiciones muy claras para poder acceder a él, y se dan también bajo estrictas normas acordadas que garantizan la protección de Samantha.negocio vende abrazos

Los individuos que pueden acceder a un servicio de este tipo, deben ser sin excepciones, mayores de 18 años. Antes de iniciar firman un acuerdo legal que especifica que la sesión se llevará a cabo si son limpios, educados y que no se pueden sacar las prendas en ningún momento.

A cambio, ella recibirá 1 dólar por minuto en una reunión de abrazos que duran desde 15 minutos, hasta 5 horas. Se realizan en las salas temáticas de que dispone el lugar, donde se filman con cámaras para protegerse de personas incorrectas.

Pero lo que debe quedar claro es que el objetivo no nada más que esto, que recibir el calor y la sensación reconfortante de los abrazos.

Un negocio inverosímil

Es posible que escuchar de este emprendimiento, suene como algo imposible de creer. Sin embargo, el hecho de que Samanta Hess está trabajando asiduamente desde mediados del año pasado, parece indicar todo lo contrario.

La creciente soledad, hace que muchos anhelen algo tan simple como un abrazo. Y también ha presentado una oportunidad particular para fundar un negocio, que su autora afirma que es una terapia efectiva.

En este mundo loco, hay cabida para una mujer que vende abrazos. Entonces, ¿Qué más puede suceder?